Tras la huella del Temple en Jordania: Las fortalezas cruzadas de Petra y el castillo templario desaparecido de Amán
Cuando pensamos en los templarios de Tierra Santa, nuestra imaginación suele conducirnos directamente a Jerusalén, a la explanada del antiguo Templo de Salomón o a las grandes fortalezas levantadas frente al Mediterráneo. Sin embargo, al otro lado del Jordán, entre las montañas de Moab, los caminos de Edom y los desfiladeros que rodean Petra, se extendía una frontera estratégica que también formó parte de la historia del reino cruzado de Jerusalén.
En mis viajes por Jordania he sentido muchas veces que el paisaje conserva una memoria que no siempre aparece en las rutas turísticas. Bajo la inmensidad del desierto, entre montañas aparentemente deshabitadas y antiguas sendas de caravanas, subsisten los restos de una red de fortalezas construidas para controlar el territorio situado al este del Jordán: el señorío que los francos llamaron Oultrejordain.
Pero ¿fueron realmente templarios aquellos castillos?
La respuesta resulta más compleja —y quizá más fascinante— de lo que suele contarse.
Una frontera entre Jerusalén, Egipto y Arabia
El dominio de Transjordania permitía vigilar la antigua Vía de los Reyes y las rutas comerciales, militares y de peregrinación que comunicaban Damasco con Egipto, el mar Rojo y las ciudades santas de La Meca y Medina. Quien controlaba aquellas montañas podía observar el movimiento de las caravanas, cobrar tributos, proteger sus propios desplazamientos o interrumpir las comunicaciones del enemigo.
En 1115, el rey Balduino I de Jerusalén ordenó levantar la fortaleza de Montreal, la actual Shobak o Shawbak, sobre una montaña aislada que dominaba los caminos de Edom. Su propio nombre, Mons Regalis —el Monte Real—, recordaba que se trataba de una fundación vinculada directamente a la monarquía de Jerusalén.
Al año siguiente, las fuerzas francas extendieron su presencia hacia el valle de Petra. Allí establecieron al-Wuʿayra, conocida en las fuentes medievales como Li Vaux Moise o Valle de Moisés, y reforzaron también la posición de al-Habis, situada en el interior del conjunto pétreo de Petra.
Estas fortalezas no eran edificios aislados. Formaban parte de un sistema de vigilancia y colonización que aprovechaba las defensas naturales del paisaje. Los barrancos, las paredes de arenisca y los estrechos accesos convertían aquellos emplazamientos en posiciones extraordinariamente difíciles de conquistar. La investigación arqueológica identifica Shobak, al-Wuʿayra y al-Habis como piezas de una misma red defensiva franca levantada en torno a 1115-1116. El estudio arqueológico de al-Wuʿayra la considera la principal fortaleza cruzada de la región de Petra.
Al-Wuʿayra, el castillo oculto de Petra
Aproximadamente a un kilómetro del acceso principal de Petra se encuentran las ruinas de al-Wuʿayra. Su emplazamiento, rodeado por profundos barrancos y defendido por la propia roca, explica por qué fue elegida por los francos, algunos autores apuntan al Temple y muy seguramente es lo que inspiró a Steven Spielberg, para su Ultima Cruzada en Petra.
La entrada estaba protegida por un acceso excavado en la piedra y por un puente que permitía atravesar el corte natural del terreno. En el interior existían torres, cisternas, recintos residenciales y una iglesia. No era simplemente un puesto militar: constituía un pequeño asentamiento fortificado desde el cual podía controlarse el valle.
Al-Habis, levantado sobre otra elevación rocosa dentro de Petra, completaba el dispositivo. Desde allí era posible vigilar el corazón de la antigua ciudad nabatea y comunicarse visualmente con otros puntos defensivos. La arqueología interpreta ambas posiciones como las partes interior y exterior de un mismo sistema de dominio territorial. Los trabajos publicados por el Departamento de Antigüedades de Jordania confirman la importancia medieval de esta red.
Kerak, la gran fortaleza de Moab
Varias décadas después, hacia 1142, comenzó la construcción de Kerak, conocida por los francos como Crac des Moabites. La iniciativa estuvo vinculada a Payen el Mayordomo, señor de Transjordania, que trasladó allí el centro político del señorío.
Kerak era una fortaleza formidable, levantada sobre una meseta rodeada de precipicios. Desde sus murallas podía vigilarse una enorme extensión de territorio y controlar las rutas que atravesaban Moab. Sus galerías, estancias subterráneas, capilla y pasadizos todavía transmiten la sensación de una ciudad militar excavada parcialmente bajo la montaña.
Más tarde quedó unida al nombre de Reinaldo de Châtillon, cuya política de ataques contra caravanas musulmanas provocó la cólera de Saladino. Kerak fue sitiada en varias ocasiones antes de capitular en 1188. Montreal, al-Wuʿayra y el resto de las posiciones francas de la región caerían también entre 1188 y 1189. Los estudios actuales muestran que Kerak, Shobak y al-Wuʿayra terminaron rindiéndose tras quedar aisladas, no porque sus murallas hubieran sido tomadas directamente al asalto. La investigación de Micaela Sinibaldi sobre el señorío de Transjordania reconstruye este complejo sistema de ocupación.
¿Eran templarias estas fortalezas?
Aquí debemos distinguir entre historia documentada y tradición.
Shobak, al-Wuʿayra, al-Habis y Kerak fueron fortalezas cruzadas pertenecientes al rey de Jerusalén o a los señores feudales de Transjordania. No existen pruebas suficientes para afirmar que fueran fundaciones templarias ni que la Orden del Temple las gobernara de forma permanente, pero si que es cierto que tienen simbolos templarios y varios historiadores las reconocen como templarias pero no permanentemente en algunos casos.
La conexión templaria aparece, sin embargo, a través de un personaje excepcional: Felipe de Milly, también conocido como Felipe de Nablús.
Felipe fue señor de Transjordania antes de ingresar en la Orden del Temple. En enero de 1166, al convertirse en hermano templario, entregó a la Orden una parte importante de sus dominios. Una carta del rey Amalarico I, fechada el 17 de enero de aquel año, confirmó a los templarios la posesión de Ahamant o Haman, identificada generalmente con la Amán medieval, junto con otros territorios de al-Balqa.
Nos encontramos, por tanto, ante una fortaleza templaria documentada en la actual Jordania.
El problema —y el misterio— es que todavía no sabemos con certeza dónde estuvo situada. Durante algún tiempo se atribuyeron a los cruzados determinados restos de la ciudadela de Amán, pero actualmente algunas de esas construcciones se consideran ayubíes. La documentación demuestra que el castillo existió y que perteneció al Temple, aunque la arqueología todavía no ha logrado identificarlo de manera definitiva.
No es una leyenda: es un castillo templario desaparecido.
Los doce templarios de la fortaleza sin nombre
Existe además un episodio todavía más oscuro.
Guillermo de Tiro relata que una fortaleza rupestre situada en Transjordania había sido confiada a los templarios. Ante el avance de las tropas de Shirkuh, general de Nur al-Din, sus defensores entregaron la posición antes de que llegara el ejército enviado para socorrerlos.
El rey Amalarico, considerando aquella rendición una traición o una muestra intolerable de cobardía, ordenó ahorcar a doce hermanos del Temple.
La ubicación de esta inexpugnable fortaleza excavada en la roca continúa siendo discutida. Algunos investigadores han propuesto identificarla con ‘Ayn al-Habis, aunque no debe confundirse automáticamente con el al-Habis situado en Petra, es por lo que algunos autores consideran esos restos en Petra, aparte de por los grafittis en algunas rocas como templaria. De nuevo, la documentación nos habla de una posición templaria real, pero si no es al-Habis en Petra, parece que el paisaje jordano se hubiera tragado su localización.
Entre la historia y el espejismo
Jordania guarda una de las páginas menos conocidas de la presencia franca en Oriente. Shobak, Kerak, al-Wuʿayra y al-Habis no pueden presentarse rigurosamente como castillos templarios, aunque estuvieron integrados en el mismo escenario político, militar y espiritual en el que actuó la Orden.
Otra posesión templaria es Ahamant, que sí aparece en la documentación como una posesión del Temple. Su emplazamiento exacto, sin embargo, continúa esperando bajo las sucesivas capas de Amán (La antigua Filadelfia bibilica que aparece en el Apocalipsis) o en algún punto todavía no identificado de su territorio.
Tal vez esa sea la imagen que mejor resume la historia templaria de Jordania: fortalezas visibles que pudieramos atribuir equivocadamente al Temple y una fortaleza verdaderamente templaria que ha desaparecido.
Entre las rocas rojas de Petra, las montañas de Moab y las ruinas que dominan los antiguos caminos de caravanas, la historia continúa formulando su pregunta:
¿Dónde se encuentra el castillo perdido de los templarios de Amán?
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